A.M.D.G.

relato

Era Caín, el hombre. Era Lilith, la mujer. Ambos eran depravados, insanos, perversos. Pero ellos sobrevivieron a todo. Habían inventado al dios que adoraban los demás. Eran los Sumos sacerdotes de un culto satánico vestido de piedad, coronado por la exaltación del dolor, ungido de la debilidad y la desdicha, alimentado por el miedo. Los había que incluso se atrevían a llamarlo el cuento de la cigarra y la hormiga. Las hormigas trabajaban incansables, las cigarras cantaban y bailaban. Las hormigas pagaban impuestos, las cigarras los evadían a paraísos fiscales. Las hormigas madrugaban, se desvelaban, sufrían. Las cigarras dormían hasta mediodía, trasnochaban, disfrutaban. Sometían a sus huestes a cuarenta años de hipoteca mientras ellos blanqueaban su dinero al diez por ciento tras cuarenta años de farras y desmadres. Y el cuento seguía dando sus frutos…. Ad Maiorem Dolar Gloriam. Amén.

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