TZADDI

greguería

Hoy la humanidad está tan llena de buenos deseos como de descendientes de Caín. Mis mejores deseos cainitas para todos los hermanos y hermanas.

NEFASTISSIMUS

poesía

¿A dónde fue la flor de grandes labios
que, bajo el lento lucero de la noche,
abrió sus alas membranosas?

¿dónde la mariposa en naranjales,
de limpios ojos de oro,
que en mi pecho colgó su perlería?

¿en qué pinar se esconde? ¿en qué reciente río?
¿qué ruiseñor la vio por el sendero?

¿dónde dejó sus rojos pétalos de rosa
que al sol sonoro dejó umbrío?

EL ABUELO SE PINTA DE ZULÚ

greguería, relato

El abuelo se ha despertado gritando. Una pesadilla, sin duda. Voy a su cuarto aún entre sueños. Hemos dormido poco y mal. Hemos salido a mear tres veces durante la noche. Los pañales se acumulan en el servicio, sin darme tiempo a retirarlos. Vuelvo a mi cama, completamente muerto de sueño. El abuelo se despierta justo cuando estoy en el más profundo de los sueños. Me cuesta reaccionar pero me despierto y voy a su habitación otra vez. Se agarra a mi con fuerza, con una fuerza de campesino curtido y fuerte. El abuelo es casi tan alto como yo pero sus huesos pesan mucho más y su fuerza es enorme. Me cuesta levantarlo, me cuesta mantenerlo derecho, su equilibrio se ha perdido y piensa que la vertical está inclinada. Él intenta corregir según su percepción engañosa. Ir semitumbado es para él ir derecho. Es imposible hacerle ver que no. Así que tengo que sujetarle como a un saco de boxeo. Luchando con su fuerza. Pues según él soy yo el que no va derecho, insiste en que nos vamos a caer porque yo no sé ir derecho. Oh, cielos, esto si que es duro. Qué yo no voy derecho y por eso nos vamos a caer..! Bueno, a duras penas llegamos, por enésima vez al servicio. Lo siento en la taza. Abro los ojos bien, me arrastro el sueño por la cara. Me despejo. Vuelvo a por el abuelo, me fijo en su cara. El abuelo se ha pintado la cara como un zulú. ¿Pero cómo es posible? ¿Con qué pintura? Me acerco a verlo bien. Un olorcillo extraño de pintura… ¡El abuelo se ha pintado la cara de zulú con caca! No sé por qué no hice yo lo mismo. Aquello era la guerra. Eran los últimos días de mi padre -el abuelo- al que habían diagnosticado recientemente una demencia senil.

Libros que encontré entre el polvo (3)

relato

La vigorosa personalidad de Sverig Irreverendee (1888-1936) —narrador, dramaturgo, poeta y domador de víboras— encuentra su expresión más acabada en su novela póstuma Capitán Perentorio, seguramente la obra más difundida de la literatura pampapanática, traducida a más de una veintena de lenguas —hoy todas ellas desaparecidas— y llevada a la gran pantalla en 1987 por Calomiro Quentaky. Escrita en una isla del Danubio a lo largo de su década prodigiosa y publicada en 1939 bajo las botas nazis, sigue constituyendo el mejor intento de comprensión de la irracionalidad represivo-maniqueísta.

Libros que encontré entre el polvo (4)

relato

Terágenes Joccolo es uno de esos escritores que se desenvuelve con arte entre el lirismo benemérito y la sensualidad ectoplasmática del horror vacui. De su más desconocida obra es testigo todo el mundo académico y parte del diplomático. Hay, sin embargo, en Torrebruni —su más paradigmática y conseguida novela, la cual expresa con inusitada fuerza, a través de las más extravagantes situaciones, el valor universal de la aprehensión subliminal— una templada epicidad y una rectitud trágico-cómica, no interferidas por el disgusto del lector de amplia gama, que se deja embaucar hasta el barroquismo esdrújulo.

Puntos suspensivos

greguería

Lo peor del amor, cuando termina,
son las habitaciones ventiladas,
el solo de pijamas con sordina,
la adrenalina en camas separadas.

Lo malo del después son los despojos
que embalsaman los pájaros del sueño,
los teléfonos que hablan con los ojos,
el sístole sin diástole ni dueño.

Lo más ingrato es encalar la casa,
remendar las virtudes veniales,
condenar a galeras los archivos.

Lo atroz de la pasión es cuando pasa,
cuando, al punto final de los finales,
no le siguen dos puntos suspensivos.

Joaquín Sabina

Edgar Allan Poe

cita

Si alguna obra literaria es demasiado larga para ser leída de una sola vez, preciso es resignarse a perder el importantísimo efecto que se deriva de la unidad de impresión, ya que si la lectura se hace en dos veces, las actividades mundanas interfieren destruyendo al punto toda totalidad… Parece evidente, pues, que en toda obra literaria se impone un límite preciso en lo que concierne a su extensión: el límite de una sola sesión de lectura.

Edgar Allan Poe

El sol camina sobre el cristal del cielo

poesía

Está lista la sopa en el estanque;
crece el verde de miso del nenúfar
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

Floreciendo en el jardín están las notas;
crece el cuerno del diablo y el tomillo
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

Como ciervo infantil se ha dormido Mateo;
la rubicunda Europa le agita su cabello
y el sol camina sobre el cristal del cielo.

GRILLO (CANTANDO)

poesía

Está ya en mis zapatos floreciendo
la corona de espinas de mi muerte,
el hollín de los sueños ya me ciega
y el nocturno infinito me rodea.

En su molde de horrores y pasiones
crece la mala hierba, vieja arpía
que desde el lacrimal pantano
tiende su matriarcal regazo.

Ya caballero exangüe me imagino
en este cementerio de lectores
y con la monocorde oración de la cigarra
y el negro luto de grillo me conformo.

CONDENADO

greguería

Paso la noche, muerto de miedo y condenado, entre los monstruos de mis sueños: el entrañable, el autor, el follacabras… Dormido entre fantasmas, no entre mis sábanas, pido la tregua y fumo mi camello. Hasta el humo se vuelve espantoso horizonte de agujeritos negros. Por las rendijas de puertas y ventanas, gotas de viento cruzan sin saludar a nadie. Mariposas se creen mis orejas que, de mosquitos llenas, zumban, zumban, zumban… Y acosado por la devoración triforme de estos fénix sin nombre, cuyo prepucio grana busca la media naranja del moflete, mi cabeza cubro con el yelmo o celada de mi almohada.

CONDENADO

greguería

Ya no espero más saqueos, ni voluntario ofrezco las hespérides que separé en mi cesto ¿qué importancia tiene ya? No quemará paradisíacas promesas y cielos prometidos, nunca más, ni me acostumbraré al comercio forzado de la doméstica vida. ¿Qué ha cedido?, ¿en busca de qué? Ya acabé con las cortas mangas del porvenir, ya arrojé sus repugnancias descriptivas como espesa lava. Exasperada, mi causa, se va soñando sola, como el rayo que cae en el desierto. ¿Aparecía en sus preocupaciones fantasmales? Bajé de los limbos y por las fogatas inspirado me siento. Arde, arde. Pero, pensemos, aparte de cizaña e innobles corazones ¿qué nos queda? ¿Os parece que, embarcado, ya no trabajaré su almita para que llegue bella, segura, reina, simple? Hoy, de nuevo, desvelaré la llama de las revoluciones y por fin viviré en la claridad de las noches en que antes sequé, sin saberlo, el negro pozo de la desesperación.

EL NIÑO

greguería

El niño sólo deseaba una botella de luz en bicicleta… Como una semilla al viento, sin raíces aún, volaba a la deriva aquel niño, esperando que el Mistral le transportase a buena tierra donde germinar, junto a una botella de luz en bicicleta… Y entonces, en la botella luminosa de aquel niño en bicicleta cayó la semilla de un óvulo fertilizado por su propio padre.

Golpes de mar

greguería

Las vísperas de los éxodos sólo se visten de grises, se calzan de zapatos famélicos, se perfuman de silencios y se abrigan de gabanes harapientos. Varas golpean los ríos y los convierten en sangre y el hedor es insoportable y los peces mueren, y hay plagas de ranas y piojos, langostas, úlceras, granizo y tinieblas.
Y llega el holocausto.

La plenitud de los regresos sólo se viste de amarillos, se calza de sandalias, se perfuma de entrañas y se abriga de manos lujuriosas. Y cantan los cantares a los pies, curvas, ombligos, vientre, pechos, ojos y sólo corren entre dientes y labios vinos deliciosos.
Y llega la resurrección.

Y un eco que en mi yo repite yo

poesía

Qué hay de nuevo, de nuevo en ver,
ver una mujer que hace de mamá en el parque,
un parque en que los niños salen corriendo a ver,
A ver el negro monte, amigos, de una diosa,
Una diosa que manda en las orgías,
Orgía de los reyes y su pequeña Virgo,
Virgo con el fatal insomnio por Bandera,
Bandera de pasiones en la escuela,
Escuela eterna de ninfomanía, Diablos,
Diablos del Habitaquo ciento y uno,
uno que dice, hombre, sólo eres eco,
y un eco que, en mi yo, repite yo.

De los viajes y sus hallazgos

greguería

Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.

Subió de su mano al tren que la había de llevar a conocer nuevos soles, nuevas gentes.
Y entre otros, conoció a un tal Inocencio X y a un ser entrañable que la cautivó para siempre ¿Su nombre? Poco importa, usa seudónimos. Para mí, el amigo, el hermano.
Un placer y un honor.
Un día me gustaría que viniera a conocer a mi lado mi mar, mi sol y mis arrozales.
Un beso.