11. Llegaba…

Llegaba temprano para sus costumbres. La entrada al edificio administrativo donde trabaja estaba enmarcada por tres enhiestas banderas y tres cipreses inclinados. El edificio era un cubo azul y blanco con enormes cristaleras. Entre los compañeros de trabajo tenía fama de ser una persona divertida pero meticulosa, e incluso, a veces, demasiado quisquillosa. Saludó al guardia de seguridad y se acercó al ascensor… El San Pedro que guardaba la entrada al cielo de metacrilato interpuso su porra entre él y el ascensor. “Alto, usted no tiene autorizada la entrada, debe expiar sus pecados primero” -le dijo. Horrorizado, despertó.

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