Ayer visité al Dalai Lama. Tenía una daga en la mano en la que había dibujado un dodecanario y no comprendí qué tenía que ver con él. Estaba también sentado en una Tabla Redonda, como el rey Arturo, y le acompañaba Salvador Dalí. Era realmente extraño, realmente extraño… sin su bigote retorcido.

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